Ayrton Senna, un piloto con un compañerismo y humanidad admirable
Erik Comas: “Es muy posible que Ayrton me salvara la vida en ese momento“. Así comenzamos este artículo, entrada, post… como queráis calificarlo. Muchos sabéis mi personal debilidad por Ayrton Senna, no solo por lo que hacía dentro de la pista sino también por lo que era fuera. Un piloto con carácter, un carisma particular (que a algunos les gustará y otros tantos odiarán) y para mí el mejor piloto que ha tenido la Fórmula 1 en su historia.
Este es un capítulo de la pequeña historia de Ayrton Senna en la categoría reina. Comenzamos poniéndonos en situación temporal. Estamos en el año 1992, el segundo año de Érik Comas en Fórmula 1. Un prometedor piloto francés que si bien había empezado tarde su andadura en la competición, había quemado etapas ganando primero la Formula 3 francesa y posteriormente la Formula 3000, ganándose así un asiento para Ligier en 1991, ya con 27 años, con los que seguiría corriendo el año siguiente. Por otro lado, como todos bien sabemos, Ayrton Senna llegó a la Fórmula 1 en 1984. Tras ocho años de carrera deportiva en la Fórmula 1, el brasileño era todo un símbolo de la competición. En 1992, defendía su tercer título mundial con McLaren, pero no podría hacer nada ante un Williams que era muy avanzado para aquella época gracias a la revolución electrónica que vivió la Fórmula 1 en aquella temporada.
De las once carreras anteriores a aquel Gran Premio de Bélgica 1992, Nigel Mansell había ganado ocho con su Williams. Las tres restantes las había ganado Senna con un coche de otra generación. Ya puestos en situación histórica, comencemos con esta historia de humanidad que os mostramos a continuación.
Viernes por la mañana, sesión de calificación. Erik Comas está en su vuelta lanzada y va tirando al máximo. A su llegada Blanchimont, una rápida curva de izquierdas, pierde el control del monoplaza a unos 290 kilómetros por hora y sufre un terrible accidente. El coche vuela sobre la breve escapatoria y golpea fuertemente de una forma bastante seca contra la barrera. En el momento del impacto, la rueda delantera derecha se suelta y golpea el casco de Erik Comas dejándolo inmediatamente inconsciente. Tal fue el impacto que el coche fue rebotado de nuevo contra la pista. Además, la mala suerte del piloto francés decide que mientras estaba inconsciente, su pie se quedara pulsado sobre el pedal del acelerador, revolucionando al máximo el motor. Con la temperatura del motor subiendo sin descanso al no recibir ninguna entrada de aire para refrigerar el propulsor, era cuestión de tiempo que el coche prendiera fuego con Erik Comas inconsciente dentro.
El primer piloto en pasar por el lugar del accidente era Ayrton Senna que en seguida se percató que algo no iba bien. Mientras pasaba sobre el Ligier accidentado de Erik Comas, escucha que el motor del monoplaza está siendo revolucionado al máximo rugiendo a miles de revoluciones por minuto. Sin pensárselo dos veces, Ayrton Senna detiene su monoplaza en medio de la pista y sale corriendo inmediatamente hacia el Ligier de Erik Comas donde lo primero que hace es apagar el motor para así evitar que éste ocasione algún incendio. Una vez apagado el propulsor, Ayrton Senna sujeta la cabeza del francés para intentar que no se ahogase, hasta que llegaron los equipos médicos al lugar del accidente. El brasileño fue el único piloto que se paró a asistir a Erik Comas.
El doctor Watkins ya era por aquel entonces un gran amigo de Ayrton Senna. El brasileño siempre mostró un gran interés para aprender que hacer en caso de un accidente. El doctor le dio unas nociones básicas, y lo recordaba así.
“Cuando llegué, Senna estaba de rodillas sostendiendo a cabeza de Comas, de forma correcta, debo añadir. Mientras nos hacíamos cargo, Ayrton me dijo: ‘Me he asegurado de que su respiración estuviera bien, y le he dicho al comisario que no le quite el casco para que tú pudieras examinar los daños’. Era un buen alumno.”
Muchas personas tragaban más o menos a Ayrton Senna y lo que ello suponía. Muchos lo adoraban y otros tantos lo odiaban por su particular forma de ser. Sin embargo, hay que reconocer que esta historia dice mucho sobre el brasileño.




