Maravillas de la ingeniería: BRM P57
BRM fue uno de esos proyectos en Fórmula 1 por los que nadie apostaba un duro y que con el paso de los años consiguió hacerse un hueco en la Fórmula 1. BRM fue fundada por el piloto británico Raymond Mays en 1945 y fue financiada en sus inicios por British Racing Motors (de ahí su nombre). La firma británica comenzó a competir en Fórmula 1 en 1954 con su propio chasis y motor, gracias a la ayuda económica de Alfred Owen, que fue de los pocos inversores que apostó por el proyecto tras los malos resultados cosechados en algunas pruebas no puntuables para el campeonato.
Con el paso de las temporadas el proyecto fue cogiendo forma y cuando consiguieron construir un coche competitivo tardaron poco en ganar. Cuando Jo Bonnier dio a BRM su primera victoria a bordo de un P25 con motor trasero en el Gran Premio de los Países Bajos de 1959, los ánimos y esperanzas para el año siguiente eran considerables y se esperaba un gran paso adelante por parte de la factoría británica. Sin embargo, el nuevo P48 no fue tan competitivo como se esperaba y a menudo los pilotos se quejaban de que era muy difícil de controlar. Esto creó discrepancias entre Graham Hill y Dan Gurney con Owen, al que consideraban un irresponsable y una persona poco competente. Esto obligó al propietario del equipo a nombrar como responsable de ingeniería a Tony Rudd y lo cierto es que dio con la tecla.
Para 1961, el P57 creado por Rudd era un coche sencillo pero competitivo y que permitía a Graham Hill y a Tony Brooks (Dan Gurney se había marchado a Porsche esa temporada) acabar la mayoría de las carreras, lo que fue comenzó a ser un logro para un equipo que era más famoso por su poca fiabilidad que por sus buenos resultados. El motor fue un Coverty Climax de cuatro litros de los malos (con perdón de la palabra) y, a diferencia del P48 del año anterior, la toma de aire delantera se redujo considerablemente.
A pesar del éxito inicial del P57, Alfred Owen dio un ultimatum a Rudd y sus chicos: si no hacían un coche ganador para 1962, Owen, como propietario del equipo, cerraba BRM.

Tras un duro invierno en el que BRM trabajó constantemente en el desarrollo de tres P57 los resultados comenzaron a llegar. La primera prueba de fuego fue el Brussels Gran Prix, prueba no puntuable para el campeonato de F1 y que se celebraba en el barrio de Heysel. La primera de las carreras se la llevó Hill y Tony Masch terminó cuarto. En la segunda manga los BRM fueron descalificados debido a que necesitaron ser empujados al arrancar. Una eliminación un tanto polémica ya que el reglamento había sido modificado durante el invierno y no lo habían actualizado al inglés.
Tras un debut agridulce en Bruselas, BRM se presentó en el circuito de Zandvoort para disputar la primera carrera puntuable del campeonato de Fórmula 1. Casi tres años después de aquella victoria de Jo Bonnier, Graham Hill volvía a repetir la hazaña en el mismo escenario y conseguiría la primera de sus cuatro victorias esa temporada. A pesar del gran peso del monoplaza o lo difícil que podía suponer controlarlo, Graham Hill se mantuvo constante durante toda la temporada y tras hacerse con la victoria en Nürburgring (bajo la lluvia) y en Monza, el británico llegaba a Sudáfrica líder con tres puntos de ventaja sobre Jim Clark. Tras el abandono de Clark por un problema en el escape de aceite, Graham Hill se hacía con la primera de sus dos campeonatos.
Sin apenas tiempo para disfrutar del triunfo, Rudd y su equipo comenzaron a trabajar en el desarrollo del P57 para la temporada 1963. BRM rediseñó el extremo inferior del motor con un eje del cigüeñal más pequeño. También redujo el peso del coche, uno de los grandes talones de Aquiles la temporada anterior. Sin embargo, lo que se convirtió en el punto fuerte en rectas resultó ser un calvario en los circuitos con muchas curvas. Esa temporada Hill se subió a lo más alto del podio en dos ocasiones (en Mónaco y Estados Unidos) pero no pudo plantarle cara a un imponente Jim Clark con su Lotus 25.
Tras el campeonato cosechado por Hill en 1962, el equipo fue incapaz de volver a ganar un campeonato y solo consiguió victorias esporádicas hasta su desaparición en 1977. Aún así, BRM fue un equipo trampolín para pilotos como Jackie Stewart o Niki Lauda.