Analizamos la temporada 2020 de Romain Grosjean: protagonista de un milagro
Analizamos la última temporada de Romain Grosjean en Fórmula 1: ejemplo de cómo un accidente puede dejar los resultados en un segundo plano, suponer un duro golpe de realidad para todos y manifestar el peligro que afrontan los pilotos al bajarse la visera.
La temporada 2020 de Haas F1 Team y de sus pilotos se auguraba realmente complicada desde los primeros compases de la misma. Un monoplaza realmente lento en todas sus áreas y circuitos hacía prever la campaña más difícil de la estructura estadounidense desde su desembarco en la máxima categoría del automovilismo en 2016. Y así fue: la predicción terminó cumpliéndose.
Un total de tres escasos puntos completaron su casillero, correspondiente uno de ellos a Kevin Magnussen y los dos restantes, a Romain Grosjean. Un Romain Grosjean que, con el noveno lugar del Gran Premio de Eifel como mejor resultado del año, cerraba su peor campaña en el Gran Circo, solamente superada por su debut parcial en 2009, en el que no sumó ningún punto.
Sin embargo, el piloto francés acabó siendo el mayor ganador de la temporada, obteniendo la victoria más importante de todas: la de la vida, la que salvó in extremis después del terrible accidente que paralizó el mundo de la Fórmula 1 durante el pasado Gran Premio de Bahrein.
Envuelto en llamas, después de un fortísimo impacto contra el guardarraíl interior de la salida de la curva tres, Romain Grosjean protagonizó un auténtico milagro, aunque, sobre todo, fue autor de un importante mensaje para todos: los pilotos se juegan la vida cada vez que se bajan la visera y a veces los resultados deben quedar en segundo plano.
Desafortunadamente, dicho accidente que conmocionó al mundo entero impidió al número ocho de la parrilla poder despedirse de la Fórmula 1 como todo piloto merece, independientemente de que guste más o menos, aunque recibió mayor regalo posible y, lo más importante, recordó a todos los aficionados la heroicidad de todos los pilotos de este deporte.

