Prestigio, respeto, títulos… ¿Qué vale más en el mundo de la Fórmula 1?
Este fin de semana, durante el Gran Premio de China, Fernando Alonso hizo unas declaraciones en las que aseguraba que el respeto y el prestigio que se ha ganado en el paddock gracias a sus actuaciones, y sobre todo a su etapa en Ferrari, son para él mucho más valiosos que los títulos mundiales que ha conseguido o que haya podido conseguir.
Esto me ha llevado a reflexionar. ¿Realmente el prestigio y el respeto vale más que los títulos? Según el asturiano, la prensa ha establecido como la filosofía del deporte la consecución de títulos como sinónimo de prestigio y respeto, algo que evidentemente no podemos negar en deportes como el fútbol o el tenis, donde es el deportista la persona de la que depende la consecución de este título, aunque en la Fórmula 1, puede verse de manera diferente.
En la Fórmula 1 el monoplaza es el principal arma del piloto. Evidentemente, el piloto también cuenta, aunque en ésta podríamos darle al piloto un 30% de importancia, mientras que el coche recibirá el 70% restante. Como ejemplos, podemos poner el potente Brawn GP del año 2009, que contaba con Jenson Button y Rubens Barrichello al volante, llevándose el título el piloto británico. Otro ejemplo claro, la etapa de Sebastian Vettel en Red Bull, que le dio al alemán cuatro títulos mundiales consecutivos, hasta el cambio de normativa que pasó la pelota al tejado de Mercedes, quienes junto a Lewis Hamilton siguen dominando la Fórmula 1.
Siendo mejor o peor piloto, ahora mismo la candidatura al título se basa en estar en el monoplaza adecuado y en el momento adecuado. Pero, ¿si el equipo potente en ese momento, por ejemplo Mercedes, tiene un asiento vacante?, ¿Qué sucede entonces?, ¿Qué piloto tiene preferencia? Evidentemente, y sin menospreciar a ningún piloto de la parrilla, pilotos como Ricciardo, Alonso, Vettel o Hülkenberg tendrán más posibilidades de conseguir esa plaza que Haryanto, Ericsson o Palmer. A esto se le llama, prestigio.
Un prestigio que debe ser forjado a base de buenas actuaciones en la pista, ahí es donde un piloto se gana el respeto. El mejor ejemplo es Max Verstappen. Su fichaje fue muy criticado, debido a su corta edad – debutó con 17 años en la Fórmula 1 -, pero el joven holandés ha impresionado a más de uno en su debut, aunque ha cometido errores, adelantamientos como el que realizó sobre Pérez en Brasil, ha hecho que equipos como Mercedes o Ferrari estén muy pendientes de él. Otra muestra de prestigio y respeto.
Relegándonos a tiempos pasados, Gilles Villeneuve es uno de los grandes ejemplos de respeto y prestigio. El piloto canadiense nunca logró un título mundial, en cambio, condujo para equipos como Ferrari y McLaren gracias a los resultados que había conseguido en otras categorías antes de dar el salto a la Fórmula 1. Hoy en día, Villeneuve es una leyenda de la Fórmula 1, como lo es Michael Schumacher o Ayrton Senna, con la única diferencia de que no ha ganado ni siete ni tres títulos mundiales, simplemente destacó sobre sus competidores.
Hoy en día, la Fórmula 1 es dinero, negocio… Esto hace que los pilotos con un buen patrocinador se coloquen por delante de los pilotos con talento o que han demostrado su potencial en categorías inferiores. Así pues, los pilotos que logran alcanzar la meta del «Gran Circo», deben luchar en la pista para ganar un prestigio que en un futuro les puede situar en una gran escudería, y que podría darles el ansiado título mundial.
Tras todo esto, ¿qué conclusiones sacamos? Prestigio, respeto, títulos… ¿Qué es más importante en el mundo de la Fórmula 1? Pues sencillamente, ninguna. Esa sería la respuesta más acertada. El prestigio y los títulos van de la mano, lo primero puede darte lo segundo, a la vez que lo segundo aumenta lo primero. Las oportunidades llegan gracias al talento, el talento da respeto y prestigio, el prestigio da coches ganadores y los coches ganadores dan títulos. Aquí el final de la ecuación.

