«Nico», el nombre preferido de todas las madres
Volátil, caprichoso y antojado. Sin tapujos, desinhibido y con la misma moral que ilustraba fantásticamente al poder dominante George Orwel en su aclamada novela “1984”. Así parecen mostrarse las voces más influyentes en el paddock de la Fórmula 1, con la que, de buenas a primeras, apunta a ser la poco esperada resurrección de Nico Rosberg.
Luego de su triunfo aplastante en Singapur, sin fisuras y haciendo gala de una serie de recursos que le valieron para poder hacerle incluso una diferencia de ¡siete décimas! en la clasificación a Lewis Hamilton; los flashes fotográficos y los fuegos artificiales se conjugaron en un sinfín de elogios que acrecentó la figura del piloto hasta ahora, a un estamento que nunca había pisado: el de un favoritismo manifiesto de cara al título
Rosberg, con su excelente fin de semana, se terminó de ganar un respeto dejando atrás la Cámara de los Comunes. El saludo de Hamilton cuando llegaban al parque cerrado demostró sensaciones diferentes al que, cabalmente, se habían vislumbrado en otras citas del campeonato. Las facciones de Lewis dejaron leer subtítulos subliminales de plena humildad, un aspecto que, sospecho, reside más en su preocupación que un sentimiento genuino del británico. Esto no hace más que confirmar lo que minutos después comenzaría a gestarse imprudentemente por el ambiente, elevando a Rosberg y apartando ahora a las solitarias sombras a Hamilton, por las mismas que transitó todo el fin de semana en el Marina Bay. Las mismas voces que destacaban las exóticas y geniales actividades de Lewis fuera de la pista cuando se subía al escalón más alto del podio; ahora parecen, inmiscuidas en cierto destrato, ser el origen de todos sus males.
Negar este fenómeno que marca el termómetro actual del mundillo de la F1 sería de necios; y a su vez de imprudentes creer que desde aquí en adelante, el título se encuentra servido en bandeja para el rubio y simpático de Mercedes, tan sólo porque se levantó con tres triunfos cuando se encontraba pisoteado por todos antes de llegar a Spa. Eso habla bien de Nico y de su fortaleza mental, un aspecto clave para dejar atrás la presión que se posa sobre sus hombros. Pero los actores principales de esta película son plenamente conscientes que aún faltan seis carreras, con momentos cruciales por vivirse, y que en definitiva, el título irá para quién menor margen de error cultive de aquí al final. Y que el exitismo que envuelve a Rosberg, con tan sólo ocho unidades por delante, puede volverse en su contra en cualquier momento y situarse, sin ruborizarse, del lado de Hamilton, con la misma facilidad, aceptación, volatilidad que una primeriza elige el nombre para su futuro hijo. Aunque hoy, Nico, sea el nombre preferido de todas las madres.