Las ‘locomotoras de la Sarthe’ o cómo los motores diésel llegaron a dominar Le Mans
Corría el año 2005 cuando Audi y Peugeot (no llegó a competir hasta 2007) sorprendieron al mundo al desvelar que sus prototipos para la resistencia iban a ser impulsados por diésel. Y aunque ahora pudiera parecer descabellado competir con un coche impulsado por diésel, una tecnología que se lleva ‘demonizando’ los últimos años, la verdad es que a principios de los 2000, se veía al diésel como el combustible del futuro.
Las ventajas del motor diésel en competición:
Los motores que montaban Audi y Peugeot eran prácticamente idénticos. Montaban un enorme motor de 5.5.l V12 que desarrollaba entre 700 a 730 CV de potencia y un par enrome de más de 1000 NM. El único problema que tenían estos motores era el filtro de partículas y si se mantenía durante largos periodos una potencia muy alta podía llegar a bloquearlo. Pero vayamos con las principales ventajas. Tal y como pasa en los motores diésel de calle, éstos permitían un ahorro de combustible mayor comparado con sus rivales de gasolina, daban un par muy alto en revoluciones bajas, pero sobre todo y lo que más agradecían los pilotos, era el menor número de cambios de marcha que se hacía por vuelta, lo cual no les desgastaba tanto físicamente.
Las ‘locomotoras’ dominaron Le Mans
Exacto, no lo he escrito mal, llamaban a estos coche locomotoras por las manchas que tenían en los tubos de escape y por el humo que a veces soltaban, aparte de por el simple hecho de ser diésel. Durante los siguientes cinco años, es decir, desde 2006 hasta 2011 los prototipos con motor diésel fueron intocables en las 24 horas de Le Mans. Peugeot logró ganar en 2009, mientras que Audi se llevó cinco de estas victorias (2006, 2007, 2008, 2010 y 2010). Cabe recalcar que estas victorias fueron conseguidas con tres modelos diferentes de la marca de Ingolstadt y que además, el récord firmado por el Audi R15 en 2010 al completar la friolera de 397 vueltas a La Sarthe, sigue imbatido.

