Gran Premio de Canadá de 1995, el día que Alesi se coronó
Muchas veces el destino es caprichoso, cruel e injusto. Hay ocasiones en las que por más que insistamos, siempre nos quedaremos con la miel del triunfo en los labios. Solo la paciencia, determinación y esfuerzo nos permiten alcanzar nuestras metas y obtener nuestra ansiada recompensa. Entonces sentimos que al fin nos hemos quitado un peso de encima. Tenemos esa sensación de alegría y satisfacción; de saber que lo hemos logrado. Quizás esto fue lo que sintió Jean Alesi el 11 de junio de 1995, cuando, en el día de su trigésimo primer cumpleaños, se hacía con su primera y única victoria.
Michael Schumacher, vigente campeón en esos momentos, había ganado tres carreras y era el líder del campeonato, seguido de muy cerca por Damon Hill. Gerhard Berger y Jean Alesi estaban terceros y cuartos respectivamente.
En la clasificación se ponía de manifiesto la superioridad de los líderes del campeonato. Schumacher y Hill copaban la primera línea de la parrilla, con el alemán en la pole. La tercera plaza era para el joven David Coulthard, que se clasificaba por delante de los Ferraris de Berger y Alesi.
En la salida Schumacher aguantaba el tipo ante un agresivo Hill y mantenía la primera posición. Sin embargo, ya en la primera curva se sucedieron los primeros accidentes. Häkkinen y Herbert se chocaban y abandonaban. En la vuelta 1 Coulthard perdía el control de su Williams trompeaba y también abandonaba. Este incidente lo aprovechaba Alesi para superar a su compañero de equipo. El francés ya era tercero y tenía un ritmo más rápido que el de Damon Hill. De hecho, Alesi iba a adelantar a Hill en la vuelta 16 ante el delirio de las gradas, que veían al piloto de Ferrari como la reencarnación de Gilles Villeneuve. En la vuelta 25 Berger haría lo mismo con Hill. Los Ferraris estaban en posiciones de podio, solo por detrás de Michael Schumcacher.
Sin embargo, en la vuelta 35, Berger se quedó sin gasolina y consiguió llegar justísimo hasta boxes por la inercia de la marcha que llevaba el coche. Regresó a pista octavo, pero ya muy lejos de su compañero de equipo y de Hill, sus rivales por el podio.
Schumacher no tenía rival, estaba en ese modo en el que volaba sobre el asfalto pero a doce vueltas del final, sufrió una avería en su Benetton y fue perdiendo posiciones. El germano consiguió llegar hasta boxes y el equipo le cambió el volante, pero cuando regresó a pista ya no tenía opciones de ganar. Se había esfumado una victoria que parecía segura. El liderato de carrera pasaba a nuestro protagonista: Jean Alesi.
Entonces los fantasmas del pasado comenzaron a pasar por la cabeza de Alesi. El año anterior pudo ganar en Monza, pero una avería a ocho vueltas del final lo apartó de la victoria y en varias ocasiones se quedó a nada de ganar su primera carrera.
Pero nada de el sucedó. El francés hizo gala de su talento al volante y se llevó su única victoria en la Fórmula 1. Ese día, Jean Alesi no tiraba el casco por impotencia, rabia o frustración, sino por alegría y desahogo. Rubens Barrichello y Eddie Irvine acompañaron al francés en el podio. La zona de puntos la completaron Olivier Panis, Michael Schumacher y Gianni Morbidelli, que conseguía los primeros puntos de la temporada.
Pese a esta victoria, Alesi sólo pudo ser quinto en la clasificación y conseguir otros dos podios. De cara a la temporada 1996 Ferrari decidió reemplazar tanto de él como de Gerhard Berger por Eddie Irvine y Michael Schumacher. Alesi recaló en Benetton y luego pasó por escuderías más modestas como Sauber o Prost GP.
