Ferrari, un equipo que hace aguas por todos sus flancos
El Gran Premio de Francia ya es historia y supone un punto de inflexión esta temporada. Lejos queda el doblete de la Scuderia Ferrari en Bahrein, la primera cita del calendario, y los problemas de fiabilidad de Red Bull. Ahora los que sufren son los de Maranello con un Charles Leclerc irreconocible y un equipo que hace aguas por todos sus flancos.
Uno de esos fines de semana en los que los ferraristas hubiesen preferido que la Fórmula 1 no hubiera vuelto hasta la próxima semana en Hungría o… hasta después de vacaciones. La moral en el seno de la estructura italiana estaba por las nubes en su llegada a la prueba de Paul Ricard tras conseguir dos victorias consecutivas y contar con un monoplaza superior a sus rivales en vísperas del parón veraniego que comenzará en apenas siete días.
Pese a la sanción de Carlos Sainz por cambiar su unidad de potencia y las dificultades de Charles Leclerc en la jornada de viernes, todo parecía apuntar a un tercer triunfo de forma consecutiva al hacerse con la pole position en un magnífico juego de equipo entre ambos pilotos. Y sí, una estrategia de rebufo que posteriormente supimos que fue idea de ambos conductores, que dejó en evidencia al equipo en lo que tan sólo era la punta del iceberg del fin de semana.
El domingo vimos fallar al piloto monegasco, que se fue contra las protecciones cuando lideraba cómodamente tras la parada de Max Verstappen. Un error inaceptable en la lucha por el campeonato, un cero que pone más cuesta arriba sus opciones de coronarse a final de la temporada. Como él mismo admitía tras su abandono: así no mereces ser campeón, Charles. Y es que, pese a su ansiedad y su claro hundimiento, considero que no se puede ser comprensible con el error que cometió el domingo.
Creo que todos recordamos los múltiples palos que ha estado recibiendo Carlos Sainz por los fallos de Melbourne, Imola o Barcelona y lo acontecido este fin de semana por parte de Charles Leclerc no debería ser para menos. Cruzados el ecuador del campeonato y en un momento crítico para recortar distancias que te mantengan con opciones al término de las vacaciones, el monegasco no está a la altura y Ferrari, tampoco.
Un equipo que una vez más está demostrando su incapacidad de luchar por los méritos que le hicieron grande en un pasado y una historia que son su único aval, el de escudería victoriosa que mantienen después de casi dos décadas de absoluta sequía y fracasos encadenados. Lo hemos visto en multitud de ocasiones esta temporada, desde Mónaco y el stop inventing de Silverstone hasta el nuevo ridículo que vivimos en la jornada del domingo.
No sorpresa, falló todo. El accidente de Charles Leclerc pareció hundir a la integridad del equipo, que falló en el pit-stop de Carlos Sainz y le llevó a una sanción que condicionó el resto de su carrera. El despropósito del stop and go de cinco segundos, con el piloto español sin dar crédito, y la incomprensible parada final terminaron de demostrar el nivel de surrealismo que no está a la altura de un equipo de profesionales y mucho menos bajo el nombre y escudo de la Scuderia.
Un cúmulo de circunstancias que estoy seguro que, a partir de este momento, les va a obligar a mirar más por el retrovisor que hacia adelante. Con el equipo Mercedes en pleno auge y la decadencia de Ferrari, que me atrevería a decir que ahora tiene un valor más seguro en Carlos Sainz que en Charles Leclerc, sus más claras aspiraciones al título en una década se convierten en un momento de defenderse de sus más inmediato perseguidor que de luchar por el Mundial.

