El día en que la Fórmula 1 volvió a enmudecer
10 de junio de 2007, Gran Premio de Canadá, sexta cita del calendario. Ese fue el día en que la Fórmula 1 volvió a enmudecer. Por aquel entones, mi corta edad me impedía conocer cual era la gravedad del asunto de lo que os contaré en las próximas líneas.
Con el transcurso de un Gran Premio como cualquier otro en el Circuito de Gilles Villeneuve, las cámaras se centraban en un monoplaza accidentado en la horquilla de L’Epingle cuando tan solo habían pasado 27 vueltas desde que diese comienzo la carrera. Era Robert Kubica, y su monoplaza, un BMW-Sauber F1.07, yacía volcado en mitad de la pista completamente destrozado. Por aquel entonces, mis conocimientos sobre la historia de la Fórmula 1 no iban más allá del dominio de Schumacher con Ferrari. Pobre de mí que no sabía la transcendencia que tenía entonces aquel accidente tan grave que por suerte, quedó en un susto.
En los últimos años y desde mucho antes del 2007, han sido muchos los accidentes que pueden considerarse como graves o muy graves. Obviando casos aislados como el de Jules Bianchi en 2014, muchos de ellos han tenido lugar en los diferentes circuitos urbanos que han pasado por la Fórmula 1 como Mónaco, con el incidente de Max Verstappen en 2015 y Sergio Pérez en 2011; Valencia, con Mark Webber en 2010; Melbourne, con Martin Brundle en 1996 o más recientemente Fernando Alonso en 2016; Canadá, con el múltiple accidente de 2014 o el que nos ocupa hoy, Kubica en 2007.

Todos los incidentes mencionados fueron importantes cuando sucedieron por lo que podía haber pasado, pero el caso de Robert Kubica significa mucho más por la relación que tiene con algunos accidentes de hace dos décadas. A voz de pronto, al momento de escribir estas líneas se me vienen a la cabeza casos como el de Mika Hakkinen en Adelaide 1995 o Rubens Barrichello en San Marino 1994. Ambos incidentes tienen algo en común, fueron contra barreras de neumáticos. Sin embargo, también comparten el hecho de ocurrir en una época que quedó marcada por dos sucesos de gran calibre y con muchas similitudes con el caso de Kubica en 2007.
Me refiero a los fatídicos casos de Roland Ratzenberger y Ayrton Senna. Ambos pilotos tuvieron la mala fortuna de fallecer tras impactar contra un muro de hormigón por diferentes razones en clasificación y carrera respectivamente. Y aunque suene extraño o doloroso, debemos decirles gracias, agradecerles la gran contribución que han hecho a la Fórmula 1 entregando lo más valioso que tenían, sus vidas. De no ser por ellos, quizás no hubiéramos hablado hace 10 años de que Kubica salió de su monoplaza dolorido y con un esguince tras impactar contra un monoplaza, contra dos muros de hormigón y dar varias vueltas de campana hasta detenerse en la barrera de aluminio. Si no fuese por los accidentes del austriaco y del brasileño quizás no se hablaría a día de hoy del retorno del polaco a un Fórmula 1. Gracias a las mejoras en materia de seguridad que se instalaron en la Fórmula 1 tras estos dos fatídicos sucesos, Kubica ha podido volver a subirse a un Fórmula 1 tras 6 años en el circuito de Cheste hace escasos días.
Aquel 10 de junio de 2007 todos recordaron el Gran Premio de San Marino de 1994 cuando vieron el accidente de Kubica. Aquel día, aquel recuerdo, fueron los que hicieron enmudecer a la Fórmula 1 tras más de una década.