El alto precio para competir en la Fórmula 1
Conseguir el volante de un monoplaza de Fórmula 1 es posiblemente uno de los mayores retos a los que se puede enfrentar un deportista. Primeramente, porque se requiere de una destreza extraordinaria para dominar semejante máquina y en segundo lugar por una razón obvia, cada año son tan solo 20 los pilotos que en todo el mundo tienen el privilegio de subirse a uno de estos coches.
Pero al margen de estos requisitos hay otros aspectos que son casi definitivos. Para llegar a competir en la F1 hay que tener un respaldo económico de gran envergadura y la habilidad para conseguir buenos patrocinadores.
Y es que teniendo en cuenta que para aspirar a formar parte del “Gran Circo” lo habitual es comenzar a destacar de forma considerable desde muy temprana edad en las pistas de karting, a partir de ahí se tiene que superar con nota la participación en diferentes categorías automovilísticas hasta llegar a la meta, con el coste que ello conlleva.
Poco o nada tiene que ver la integración en esta modalidad de motor con deportes como el fútbol o ciclismo en los que uno puede comenzar con una inversión relativamente pequeña en materiales, o bien con otros menos convencionales como el póker en el que un jugador puede aspirar a convertirse en profesional tras un aprendizaje con base en las versiones gratuitas del juego. Para hacerse con el asiento de una bestia que ronda los 1.000 CV no hay otro camino que invertir mucho dinero para tocar siquiera su volante.
Según algunos medios especializados como Sports Business, la andadura por las categorías inferiores que suele rondar de 7 a 10 temporadas, requiere de un desembolso mínimo de entre 6 y 7 millones de euros, ahí es nada. Es cierto que en ocasiones algunos pilotos pueden llegar de un modo más austero a través de los programas para jóvenes pilotos, aunque generalmente para esto ya han tenido que sufragarse unos importantes gastos en sus primeros años.
Pero la cosa no termina al llegar a la categoría reina, más bien comienza. El adiós al aporte de las tabacaleras de hace unos años, sumado a la recesión económica global y a las dificultades de los fabricantes de vehículos, ha hecho casi imposible acceder a la F1 sin llevar tras de sí un buen colchón económico.
Esto no significa que los pilotos que consiguen llegar a la parrilla de un Gran Premio no estén debidamente cualificados ni mucho menos, pero sí que necesitan presentarse acompañados de la fortuna de algunos mecenas o de un buen puñado de patrocinadores. No hay que olvidar que cualquier escudería de Fórmula 1 requiere de un presupuesto mínimo de 100 millones de euros por temporada.
Es curioso que esta premisa no se limite solo a pilotos de la parte baja de la tabla o recién llegados, las grandes estrellas también acuden en muchas ocasiones con importantes sponsors tras ellos. Un buen ejemplo es el de Fernando Alonso en 2010 llevando a Ferrari el patrocinio del Banco de Santander. Esto no significa que por ello se le pueda considerar ni mucho menos uno de los llamados “pilotos de pago”. Basta ver los privilegios con los que cuenta en las escuderías y que incluso le permiten hacer incursiones en otras especialidades de motor como el Mundial de Resistencia en el que participa este año.
En cualquier caso, hay algunos pilotos que los aficionados identifican más con esta definición de “pilotos de pago” como es actualmente el caso del canadiense Lance Stroll de la escudería Williams, de quien se estima que ha invertido cerca de 80 millones dólares de la fortuna de su multimillonario padre para llegar a la F1. Otro caso similar fue el del venezolano Pastor Maldonado que logró competir 5 años en la F1 gracias al apoyo del gobierno venezolano, que no tuvo ningún reparo en inyectar unos 240 millones de dólares a través de la petrolera PDVSA para que su pupilo pudiera gozar de un monoplaza de garantías como Williams o Lotus.
Eso sí, llevar consigo importantes patrocinadores no es sinónimo de carecer de talento. Buen ejemplo de ello es el mexicano Checo Pérez, un piloto reconocido por toda la parrilla y que cuenta con un importante respaldo económico de parte del multimillonario Carlos Slim. Y otro tanto podría decirse de Valtteri Bottas con Wihuri o de Kevin Magnussen y su patrocinador Jack & Jones.
Y es que en la actualidad cualquier escudería espera recibir a un piloto y su patrocinador con los brazos abiertos. Si además es talentoso y rápido, mejor que mejor.

