Sistemas de frenada automática de emergencia: seguridad a tu alcance
Con cada nuevo lanzamiento, los grandes fabricantes de coches no dejan de constatar las dos grandes tendencias que hemos observado durante los dos últimos años en cuanto a desarrollo de nuevos dispositivos: por un lado, la constante optimización de la conectividad de los vehículos con nuestros dispositivos y teléfonos móviles; y, por el otro, la implantación de sistemas de seguridad pensados para que nuestro coche identifique objetos que se encuentran fuera de nuestro campo de visión, o que se desplazan a tal velocidad que hacen imposible una reacción adecuada por parte del conductor. En este sentido, los sistemas de frenada automática de emergencia han supuesto un avance que hoy se encuentra implementado en la mayoría de los lanzamientos de las grandes marcas.
A falta de un avance sobre el primer cuatrimestre de 2015, los datos del ejercicio 2014 son muy significativos. Durante el año pasado, 1 de cada 3 coches matriculados contaba con un sistema de frenada automática; un dato nada sorprendente si tenemos en cuenta que son ya 23 los fabricantes que ofertan esta tecnología. ¿El objetivo? Reducir la siniestralidad en la carretera. De hecho, se estima que 1 de cada 3 accidentes con heridos podría haberse evitado si los vehículos contasen con este sistema.
Ya sea a través de sistemas de infrarrojos, cámara termográficas u otro tipo de tecnologías diseñadas para la identificación de objetos a media distancia, los vehículos dotados de un sistema de frenada automática son capaces de identificar situaciones de peligro (por ejemplo, un vehículo que va a cruzarse en nuestra trayectoria mientras nosotros continuamos avanzando hacia adelante) y alertarnos de ellas. En el caso de que, por nuestra velocidad o la del objeto con el que podríamos colisionar, el dispositivo estime que no tenemos tiempo suficiente para reaccionar, se procederá a la frenada automática de nuestro coche. Es en este momento cuando la reacción de nuestro vehículo variará dependiendo de si contamos con un sistema de frenado de ciudad o de carretera. Los primeros funcionan siempre que nos encontremos a una velocidad inferior a 30 km/h y pueden detener nuestro coche por completo; los segundos frenan de una manera parcial a no ser que consideren el accidente inminente, ya que un frenado en seco en carretera puede ser altamente peligroso.
Por la complejidad de su funcionamiento y los altos costes que su instalación conllevaría, dotar a un viejo vehículo de este sistema de seguridad es dudosamente conveniente, y la mayoría de los conductores optar por poner a la venta su coche y hacerse con uno nuevo que incluya esta y otras nuevas prestaciones.