Michèle Mouton, la piloto que puso firmes a los hombres – Parte 1
Muchos pilotos y aficionados han tachado numerosas veces a las mujeres como pilotos lentas. Según ellos, no están capacitadas para competir en el mundo del motor y sobre todo, son incapaces de ser rápidas. Yo siempre lo he negado, aunque actualmente a la Fórmula 1 no hayan llegado las mejores pilotos féminas. Siempre he puesto un ejemplo, el cual hoy os voy a mostrar y es el de Michèle Mouton. Yo la denomino como la mujer que puso firme a los hombres.
Apasionada por el esquí y la danza y con una capacidad atlética natural evidente desde una edad muy temprana. Podía haber sido muy buena en muchísimos deportes, pero decidió montarse en un coche de competición y pilotar por los tramos cronometrados. Un talento natural que depuró gracias a la experiencia, la convirtió en uno de los iconos del Campeonato Mundial de Rallyes en la década de los 80. A los 14 años ya sabía conducir el Citroën 2 caballos de su padre y realizaba pequeños tramos cronometrados alrededor de la parcela de sus padres. Fue creciendo y en 1972 mientras estaba estudiando en la universidad, Jean Taibi le pidió que le ayudara a prepararse para el Rally del Tour de Corse de 1972. Aunque sus conocimientos de navegación para ejercer como copiloto eran nulos, Muton se puso manos a la obra y aceptó el reto. Tal fue el éxito que Taibi invitó a Michéle para que le copilotase en el Rally de Montecarlo 1973. Pese a no poder acabar la prueba por problemas mecánicos, Taibi quedó impresionado con las capacidades de su copiloto y le pidió que fuera su compañera de equipo en otras carreras durante la temporada del WRC de 1973.

Pese al gran talento de Michèle Mouton como copiloto, su padre no estaba muy contento con la nueva afición de su hija. Él creía que su hija correría menos peligro como piloto por lo que llegaron a un acuerdo: él le compraría un Alpine-Renault A110 de 1600cc, y ella tendría un año para demostrar su capacidad, o se dedicaría a actividades más sensatas.
Como no, Mouton acepto el reto y accedió a pilotar el Renault Alpile A110 en pruebas locales. Desde el principio, la piloto comenzó a destacar, a marcar grandes tiempos y a ganar pruebas. En su año de debut, ganó el Campeonato Francés Femenino y el Campeonato Francés Clase GT. Además, había completado su primer rally internacional en el Tour de Corse. Visto el grandísimo rendimiento, la discusión entre ella y su padre por la vuelta a los estudios, había quedado zanjada.
Al año siguiente, mantuvo su montura pero la mejoró. Su Renault Alpine A110 equipaba un motor más grande de 1800cc, algo que le hacía ser todavía más rápida. Y la mecánica ayudó tanto que fue campeona de su clase en el Tour de Corse (ocupando una increíble séptima posición en la general). Además, también se animó a probar suerte en los circuitos participando en las 24 horas de Le Mans. Sus compañeros de equipo eran dos mujeres: Mariane Hoepfner y Christine Dacremont. Las tres feminas consiguieron alzarse con la victoria de la clase dos litros en la que su Moynet JRD-LM75 estaba inscrita, demostrando que su capacidad para pilotar realmente rápido no solo era evidente en los tramos de rally.

Mientras la década del 70 llegaba a su fin, Mouton demostraba su talento tras el volante de una variedad de coches, incluyendo el implacable Lancia Stratos HF, de corta distancia entre ejes. Además, en 1977, Fiat Francia la contrató como piloto oficial de su equipo de rallyes. La piloto francesa pilotaría un Fiat 131 Abarth, coche que nunca le gustó pero con el que consiguió completar resultados positivos para el equipo. En la segunda parte de esta historia, podremos ver como la Michéle Mouton llega al Mundial de Rallyes de la mano del recién llegado equipo Audi, con el cual tendría muchas alegrías.

