La maravillosa experiencia de encontrar un diamante en un circuito
Espero que las próximas líneas no caigan en el olvido y que dentro de unos años podamos hablar de que Richard Verschoor es un gran piloto de Fórmula 1.
Miren, a mis cortos pero intensos 19 años de edad he intentado acudir a un circuito siempre que me fuera posible. Como todos ustedes saben, los precios para acudir a una carrera de Fórmula 1 son desorbitados, así que tuve la suerte de poder conformarme con carreras de monoplazas de menor desarrollo.
Lo bonito de estas carreras es que tienes la ocasión de ver diamantes en bruto, otros más pulidos y otros que ni siquiera son piedra preciosa, pero se asemejan bastante a éstas. No les hablo de minerales, les hablo de pilotos y de la forma de ser de éstos en sus años de aprendizaje.
Hace poco más de 3 años tuve la oportunidad de entrevistar a Carlos Sainz durante una de las pruebas de las Gp3 Series que se disputaba en el Circuito Ricardo Tormo, en Cheste (Valencia). Allí no encontré un piloto para nada hecho. Sainz no estaba teniendo un buen año. No tuvo una buena adaptación al coche y, pese a ser competitivo en carrera, sus malas clasificaciones solían penalizarle. Sin embargo, sí que vi una calma extraña y alentadora en un piloto de su edad, estando en esa difícil situación profesional, siendo hijo de quien es y perteneciendo al Red Bull Junior Team.
Lo que sucedió a partir de aquel año ya es historia… Sainz es ahora uno de los pilotos con más futuro en la Fórmula 1, al que grandes marcas desean y al que Red Bull no va a dejar escapar.
Pasó un tiempo y no tuve esta misma sensación de hablar con un piloto en el que realmente viera detalles distintos a los del resto, pero gracias a dios ocurrió el pasado fin de semana. Aún me siento perplejo y conforme pasan los días sigo extrayendo buenas conclusiones de los minutos que pude compartir hace unos días con Richard Verschoor, otro de esos muchachos en los que Red Bull se deja una pasta con la acertada esperanza de que están hechos de esa pasta, valga la redundancia, de la que están hechos los pilotos de Fórmula 1.
Mencionaré sus geniales resultados, pero no quiero que se esta la idea que extraigan del artículo. Verschoor compite en Formula 4 y pese a su buen rendimiento, es pronto para vaticinar que será piloto en la máxima categoría del automovilismo. Creo que es su calma y su manera de razonar, hablar y actuar lo que le hace diferente al resto de chic@s de 15 años que se suben en un kart o en un pequeño formula.
No por casualidad Richard ganó las tres carreras que se disputaron en Cheste. Pues nada, depositó el tercer trofeo en una parca mesa junto a los otros dos y viene y dice, sin dar una gran importancia al hecho de la victoria: «Trato de ser rápido, consistente y ahorrar neumáticos».
Normalmente un «niño» de 15 años no tiene la suficiente madurez para esquivar algunas preguntas comprometidas y aquí vino otra de las cosas que me gustaron. Mi compañero Berni trató de obtener información acerca de la categoría en la que correrá en 2017 y Verschoor no tuvo problema en decir sonrientemente: «¡Me gusta correr en kart!». No le gustaba la pregunta y no tenía por que dar una respuesta. Y no lo hizo. Una reacción genial.
Obviamente él sabe lo bueno que es, así que le dije lo que ocurrió no mucho tiempo atrás con Sainz, a lo que simplemente se limitó a sonreír y a dar las gracias. Espero que esta lluvia de pensamientos les haga ver que las carreras son mucho más que la Fórmula 1, que se pueden encontrar diamantes en los circuitos, y a veces donde menos te lo esperas.