Claire Williams habla abiertamente de su etapa al frente del equipo Williams
Claire Williams fue, desde 2013, la máxima responsable del equipo Williams Racing que fundó su padre hace décadas en la Fórmula 1. La británica tomó el relevo de su padre para intentar devolver al equipo a las primeras posiciones, algo que consiguió desde 2014 hasta 2016, comenzando una cuesta abajo de rendimiento realmente importante hasta 2019, cuando se convirtieron en el peor equipo de la parrilla con mucha diferencia.
Pese a que en 2020 experimentaron una gran mejora con la que volvieron a estar en la lucha con otros equipos, el equipo de Grove estaba muy tocado económicamente y Claire Williams tuvo que tomar la rotunda decisión de vender la estructura a un inversor interesado en su compra, Dorilton Capital, quienes actualmente son los actuales dueños del equipo. Tras este movimiento, la propia Claire Williams habla abiertamente sobre su experiencia al frente del equipo con sede en Grove.
«Es fascinante cuando tienes tiempo para mirar hacia atrás ahora. Por lo general, pienso para mí misma y dogo: ‘Dios mío’. La mayor parte del tiempo me avergüenzo de ello. ¿Realmente le hice eso a la gente? ¿Estaba siendo una idiota? ¿Tenía yo siquiera derecho a estar en esa posición? Todas esas cosas. Solo sé que lo di todo, no creo que hubiera podido dar más. Hacia el final, cuando todo se puso realmente difícil, el año pasado y los dos anteriores, florecí porque fue un desafío superarlo. Puedo ser bastante terca. Puedes preguntarle a mis padres o cualquier otra persona que me conozca, nunca me rindo. Tal vez debería haberlo hecho, no lo sé, pero esas son las preguntas que me hago ahora», comenta Claire Williams.
«No eres mecánico ni nada por el estilo, pero te agota físicamente dirigir un equipo de Fórmula 1. Estás en aviones todo el tiempo, no solo para los Grandes Premios. Unas veces volamos para eso, pero otras muchas se trata de volar para reuniones y a diferentes países todo el tiempo. No hay tiempo libre, no hay pausa para el almuerzo. En un minuto estás hablando con un piloto que quiere más dinero, o hay un problema con el asiento, o los chicos de abajo dicen que les falta un tornillo en la fábrica. Tienes que poder hacer malabares mentalmente con todo al mismo tiempo. Pero lo cierto es que me encantó y lo extraño. Fue genial, y desearía haber podido seguir», añade.



