Charlie Whiting deja su puesto como jefe del departamento técnico de la FIA
Charlie Whiting, quien es director de carrera de la FIA en los Grandes Premios de Fórmula 1 desde hace gran cantidad de años y ocupaba también el puesto como jefe del departamento técnico de la federación, ha abandonado el segundo de los puestos mencionados y permanecerá como, solamente, director de carrera.
El británico inició su andadura en el Campeonato Mundial de Fórmula 1 como ingeniero aerodinámico del equipo Prost Grand Prix, propiedad del varias veces Campeón del Mundo y expiloto de equipos como Ferrari o McLaren, Alain Prost, y hasta el momento contaba con dos ocupaciones en la FIA y en la Fórmula 1, la más conocida como director de carrera de la categoría automovilística más importante y otra como delegado técnico de la federación.
El puesto que deja Whiting será ocupado por alguien que ya cuenta con suficiente experiencia en este ámbito. Marcin Budkowski, que será quien ocupe el lugar del ilustre y a veces tan criticado Charlie, lleva ya dos años trabajando con la propia FIA como coordinador y técnico deportivo.
Las funciones que desempeñan el puesto de delegado técnico se basan en distintas capacidades bien distintas. Por ejemplo, un delegado técnico de la FIA es quien controla la logística de cada Gran Premio o inspecciona los coches en el ‘parc fermé’ antes de la carrera.
Durante todos estos años en los que ha estado a pie del cañón, una de las situaciones más difíciles a las que Whiting se ha tenido que enfrentar, fue aquel icónico pero vergonzoso Gran Premio de Estados Unidos de 2005, recordado para siempre como ‘aquella carrera donde los Michelin reventaban en la peraltada del óvalo y los equipos que montaban este neumático se negaron a correr’. La carrera contó con 6 monoplazas, los Ferrari, los Jordan y los Minardi, que montaban gomas Bridgestone, siendo esta la mas vergonzosa, para muchos, de la historia de la Fórmula 1.
En aquel fin de semana, la petición de instalar una chicane en el punto donde Ralf Schumacher tuvo el accidente recaía sobre el propio Whiting, quien se negó a instalar por calificarla de una desventaja para los equipos que montaban ruedas Bridgestone, lo que le supuso grandes críticas a posteriori.


