Horner desvela que en Red Bull vetaron su propuesta para fichar a Alonso en 2025
Christian Horner quiso a Fernando Alonso en Red Bull para 2025 y la cúpula austriaca lo tumbó. Lo cuenta él mismo en Drive, la autobiografía que acaba de llegar a las librerías y que sigue removiendo el avispero de Milton Keynes. No es un rumor de paddock ni una filtración interesada. Es la versión del que fuera CEO del equipo durante casi dos décadas.
El detalle importa porque reordena una historia que hasta ahora se contaba al revés. Se sabía que Red Bull había tanteado al asturiano en distintos momentos de su carrera. Lo que no estaba sobre la mesa es que en 2024 hubo una conversación concreta, con intención real de firmar, y que la operación murió en un despacho de Austria, no en el garaje.
Horner sitúa el origen en el Gran Premio de Japón de 2024. Allí, según su relato, Alonso le trasladó que tenía muchas ganas de pilotar junto a Verstappen la temporada siguiente. El británico lo interpretó como una puerta abierta de verdad, no como una cortesía de circuito. Días después, Alonso renovó con Aston Martin y cerró la ventana.
La lectura de aquel movimiento ha cambiado con el tiempo. Entonces pareció una apuesta conservadora del asturiano, un piloto de 42 años asegurándose un proyecto con Adrian Newey camino de Silverstone. Ahora, con el texto de Horner sobre la mesa, esa renovación también se puede leer como la respuesta lógica a un portazo ajeno. Si el asiento bueno no estaba disponible, no había motivo para esperar.
Conviene recordar el contexto de aquel Red Bull. Pérez encadenaba una segunda mitad de 2024 desastrosa, la que le costó el asiento en favor de Liam Lawson y Yuki Tsunoda. La estructura de Milton Keynes necesitaba un segundo coche competitivo y el mercado ofrecía muy pocas piezas de garantía. Alonso era una de ellas.
Horner no se esconde y firma la frase más incómoda del capítulo: ‘Alguien decidió que no era el paso correcto para Red Bull, fue decepcionante’. Añade un matiz que vale más que el titular. Supo de inmediato que la orden no venía de Max Verstappen. El neerlandés mantiene con Alonso una relación buena desde que llegó a la Fórmula 1, hasta el punto de que ambos han hablado de competir juntos en Le Mans.
El veto, por tanto, se sitúa en el entorno del piloto y en la dirección deportiva, con el nombre de Helmut Marko sobrevolando el relato. Dibuja una estructura donde el jefe de equipo no tenía la última palabra sobre su propia alineación. Ese es el dato incómodo. Horner también reconoció que le sugirieron firmar a Charles Leclerc, e incluso a Carlos Sainz más adelante. Ninguna de las dos se cerró.
El resultado es una alineación reconstruida a base de parches. Lawson primero, Tsunoda después, ninguno con el rendimiento que exige el segundo asiento más exigente de la parrilla. Cuando el coche dejó de ser el mejor, esa debilidad pesó más que cualquier actualización aerodinámica.
Sobre su salida de Milton Keynes, en las mismas memorias y según recoge Motorsport.com, Horner apunta a un exceso de injerencia en las decisiones del día a día. Encaja con el episodio Alonso. Un equipo que gana títulos de constructores puede permitirse cierta rigidez; uno que empieza a perderlos, no.



