La magia del Gran Premio de Italia
Mientras empiezo a escribir este artículo se cumple apenas un día de mi regreso a España tras asistir al Gran Premio de Italia, y debo reconocer que desde que abandoné el paddock el domingo tras la carrera sigo emocionado. Este fin de semana ha supuesto mi 4º Gran Premio acreditado como periodista, habiendo estado en dos ocasiones en Montmeló (2017 y 2018) y una en Silverstone (2019), pero debo reconocer que ninguna de estas citas se puede comparar a la vivida en Monza.
Siempre hemos escuchado o leído que en Italia la Fórmula 1 y Ferrari se viven con una pasión única en todo el calendario, y aunque podamos reconocer algunos ápices de esto por la televisión, es imprescindible acudir al circuito para poder saber lo que significa. Desde mi llegada a Monza se podía respirar la presión de la afición, ansiosos de volver a ver a un Ferrari ganar en su carrera de casa, inundando las tribunas con banderas, mensajes de apoyo, y un color absolutamente predominante: el rojo.
Durante la primera sesión de entrenamientos libres ya pude apreciar que con cada paso del SF90 de Sebastian Vettel o Charles Leclerc, las gradas jaleaban y se ponían en pie como si de un partido de fútbol se tratase. Ni que decir tiene que el día de la carrera este efecto se multiplicó por mil, llegando a su máximo cuando Leclerc cruzó la línea de meta en primera posición. El efecto que el monegasco ha logrado crear en la afición es simplemente mágico, y con su victoria en suelo italiano ha logrado consolidarse como el nuevo rey de Ferrari. La propia sala de prensa del circuito estalló en aplausos ante la gesta de Charles, de mano de personas que en teoría deberían ser imparciales en sus textos, pero que sacaron a relucir su pasión por el espectáculo vivido en la pista. Esta forma tan pasional de vivir las carreras solo la he visto en Monza, y sí, seguro que el efecto se elevó al cuadrado gracias a la victoria de Ferrari, pero el amor de los ‘tifosi’ por la escudería italiana siempre ha sido el mismo a pesar de tener temporadas completamente desastrosas.
La ceremonia del podio puso el broche a un fin de semana histórico para el Gran Premio de Italia, para Ferrari y para Charles Leclerc, totalmente arropados por sus incondicionales en una recta principal abarrotada que cantó el himno italiano a pleno pulmón. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso no puede ser menos, así que añado una de las fotos que pude hacer desde la sala de prensa.
El circuito de Monza posee una atmósfera mágica gracias al verde entorno que lo rodea y ocupa el interior de las instalaciones, además de por toda la historia que atesora. Tras publicar la crónica y las declaraciones de los pilotos sobre la carrera, con todo el trabajo realizado, era tiempo de asimilar tantas emociones, así que decidí dar un paseo por el antiguo óvalo utilizado hasta 1969. La curva ‘Sopraelevata’ es espectacular en imágenes, pero lo es aún más en persona cuando te das cuenta del verdadero grado de inclinación que existe. Allí pasé al menos veinte minutos mientras anochecía, sentado en plena curva disfrutando de las vistas y del silencio que ya reinaba en el circuito, dándome exactamente igual que hubiese empezado a llover, reflexionando sobre todas las emociones vividas en un fin de semana que quedará bordado en oro en los libros de historia de la Fórmula 1.




