Maravillas de la Ingeniería: Red Bull RB7
En ocasiones retrocedemos unas cuantas décadas para encontrar aquella máquina que nos emocionó, que venció a las demás o que simplemente era diferente y por ello nos gustaba. Hoy, sin embargo, no vamos vamos a abusar de nuestra máquina del tiempo y la vamos a parar en 2011, cuando Red Bull, de la mano de Adrian Newey, fabricó uno de los mejores monoplazas de los últimos tiempos, el RB7.
2011 fue un año de cambios para el campeonato: la vuelta de Lotus, el cambio en el suministrador de neumáticos, la permisividad de las ordenes de equipo por parte de la FIA, etc. Después de un 2010 de infarto, Red Bull tomó la batuta del mundial, fabricando el mejor coche de la parrilla y ganando 12 de las 19 pruebas disputadas.
Esta máquina de la velocidad fue presentada el 1 de febrero en el Circuito Ricardo Tormo, en Valencia, España. La expectación era máxima después del apoteósico final de mundial habido en 2010. Y no, Red Bull no falló y su nuevo monoplaza nació siendo el más veloz entre los competidores. Así, Sebastian Vettel consiguió el mejor tiempo de la jornada inaugural de test.
El trabajo estaba hecho desde el invierno y los buenos resultados no tardarían en llegar. El RB7 fue vencedor en 6 de las primeras 8 carreras, quedando segundo en las pruebas restantes. Sólo Hamilton y Button, ambos pilotos de McLaren en aquella época, fueron capaces de hacer frente al dominio del coche de la bebida energética durante los primeros compases de la temporada.
No obstante, no todo es oro lo que reluce. Red Bull fue duramente criticada por algunas características técnicas del coche pero la FIA, pese a intentarlo, no pudo penalizar al equipo de Milton Keynes, que nunca sobrepasó los límites del reglamento.
Gran parte de su fantástico rendimiento radicaba en su difusor soplado. Este sistema mantenía un flujo de aire de los escapes hacia el difusor, lo que generaba una gran carga aerodinámica y, por tanto, un mejor paso por curva. Este elemento fue únicamente limitado en el Gran Premio de Gran Bretaña y, precisamente, esta carrera fue ganada por Fernando Alonso, consiguiendo así la única victoria para Ferrari en aquel año.
El uso de diferentes mapas motor en clasificación y carrera también generó una gran incertidumbre en el paddock. El RB7 era un monoplaza velocísimo a una vuelta pero los domingos se convertía en un coche algo más vulnerable (aunque solo el McLaren y el Ferrari consiguieron vencerlo en alguna ocasión). Esto hizo que les fuera imposible utilizar el Sistema de Recuperación de Energía Cinética (KERS) durante las primeras carreras del año, al no poder cubrir ese aumento de temperatura que suponía la utilización de este elemento.
Así, Red Bull consiguió enamorar a cientos de miles de aficionados a lo largo y ancho del planeta de un coche que marcó época. Gran parte de los éxitos de los años posteriores vienen dados por las bases que se sentaron en este monoplaza. ¡Dicho esto, les dejo con un fantástico vídeo del RB7!