Roborace, ¿impulso o tumba para la Fórmula 1?
Hace más de una década Steve Jobs revolucionó el mundo de las comunicaciones y los ordenadores. Ahora Alejandro Agag quiere hacer lo mismo con la competición del motor. Este madrileño, político de carrera y pieza clave es la creación de la Fórmula E es también el impulsor de la Roborace una competición en la que los monoplazas serán autónomos y con una novedad tan asombrosa como escalofriante: no tendrán piloto.
La iniciativa pretende contar con 10 equipos, cada uno con dos coches y seguir el calendario de la Fórmula E. Los monoplazas estarían compuestos por algoritmos que serán los encargados de tomar las decisiones y que se espera superen los 300km/h. Estas unidades de potencias contarán, además, con el sistema Drive PX2, un sistema de 12 núcleos que produce 8 teraflops de poder de procesamiento. Nada de potencia ni de cilindros, ni mucho menos pilotos que acierten o fallen en la pista.
Sin embargo, cabe preguntarse si este nuevo invento podría suponer el fin de la Fórmula 1 y sus categorías, o por el contrario, crearía más adeptos al gran circo. Conviene tener en cuenta que en la Roborace se perderá un elemento clave, el piloto y sus decisiones. Ya no asistiremos a una mala elección de neumáticos o a una mala estrategia, eso sin contar que las disputas entre pilotos dejaran de existir. No obstante, conviene destacar que la Roborace sería la plataforma perfecta para que los fabricantes desarrollen los coches del futuro, los que utilizaremos el común de los mortales, pero que se conducirán solos.
Así pues, habrá que ver hasta qué punto el tándem maquina-hombre sobrevive a la revolución de las máquinas y sobretodo, y lo más importante, cómo la audiencia se adapta a este cambio. Recordemos que la Fórmula 1 no sólo es un deporte, sino un negocio que vive gracias a los miles de televidentes que anualmente acuden a los circuitos y siguen las carreras por televisión, ¿estaría dispuesto a pagar por ver a 20 máquinas correr?