Renault Espace F1: Cuando Williams ‘perdió la cabeza’
Corría el año 1995 y Williams aún era uno de los equipos más punteros de la parrilla de la Fórmula 1, a pesar de no dominar como hizo pocos años antes. De modo que desde Grove pensaron que debían aprovechar parte de su éxito para que, junto con su motorista por entonces, Renault, crearan una de las mayores locuras de la automoción: el Renault Espace F1.
Que el monovolumen insignia de la marca francesa llevase el apellido “F1” no era por marketing ni por estar relacionado mecánicamente con la categoría reina, se apellidaba así por estar profundamente emparentado con un monoplaza de Fórmula 1. ¿Qué quiere decir esto? Que bajo su carrocería (muy modificada por cierto) se encuentra nada más y nada menos que un Williams FW15C como el que Alain Prost pilotó en el año 1993.
El encargado de crear semejante bestia fue Matra, ex-equipo de Fórmula 1, quien, en colaboración con Renault, se dedicó durante dos años a idear, diseñar y construir el que es el monovolumen más rápido de la historia, que se dice pronto.
Mecánicamente era una bestialidad de coche, y es que no sólo montaba el motor de un Fórmula 1 sino que cambiaba totalmente el esquema mecánico de todo el coche. Cualquier pequeño detalle del modelo de serie, en éste no tenía nada que ver, y es que del modelo original poco queda. El motor, el conocido V10 de 3.5 litros y 750 caballos del Williams FW15C, estaba alojado tras los asientos, en posición central-longitudinal como en el monoplaza británico. Toda esta potencia iba a parar a las ruedas traseras y era transferida mediante una caja de cambios secuencial de seis marchas, con botones (no levas) en el volante para cambiar de marcha. El Espace F1 lograba hacer el 0-100 km/h en 2.8 segundos, 6,3 segundos para el 0-200 y una punta de 310 km/h. Las suspensiones por su parte eran un «corta y pega» de las del Fórmula 1 y no habían variado lo más mínimo: dobles triángulos superpuestos. Los frenos, carbocerámicos como en el monoplaza, contaban con 355 mm en el eje frontal y 280 mm en el eje posterior.
El chasis, por su parte, era en su mayoría el mismo que montaban los Espace de calle, con la salvedad de que el suelo y los subchasis estaban construidos en fibra de carbono. Como salta a la vista, la carrocería recibió un serio tratamiento de analizables y creció para dar cabida a las grandes ruedas slick del Williams, equipadas en esta ocasión con llantas de 18″ (15″ en el F1). Se añadieron grandes tomas de aire para refrigerar el motor así como un gran alerón sobre el techo para pegar el coche al suelo.
La puesta en escena del Renault Espace F1 tuvo lugar en el circuito francés de Paul Ricard, con Alain Prost y Eric Bernard alternándose durante la jornada. Toda la prensa reunida en el circuito se preguntaba si el resultado de una transformación así era positivo, y el resultado es peculiar: sí y no. Como era de esperar, el comportamiento del monovolumen dejaba notar que la física sigue ahí y que un centro de gravedad tan alto pasa factura. Sin embargo, era capaz de llegar a los 2G en curva, aceleraba y frenaba como un Fórmula 1 (de 300 km/h a 70 km/h en 80 metros), pero adolecía de demasiado subviraje. Esto afectaba significativamente al Espace en los sectores revirados de Paul Ricard, mientras que en la recta de meta logró alcanzar los 290 km/h, «¡y por que no había más pista!», narraban los ingenieros.
Sin duda alguna, el experimento de Renault, Williams y Matra es una locura para cualquiera, pero a la vez es un juego para los ingenieros, y es que a todos los gusta soltarse la melena de vez en cuando; el Espace F1 es un buen ejemplo de ello. Este peculiar monovolumen pasó a la historia desde el primer día que se dejó ver, y aún sigue en la memoria de muchos aficionados. Lamentablemente, proyectos así son cada vez menos comunes en el panorama de la Fórmula 1 y, sinceramente, en el momento de escribir estas líneas, no recuerdo ningún otro. Ahora, en 2016, Renault vuelve a la Fórmula 1 y Williams (esta vez con Mercedes como motorista) está dispuesta a volver a ganar. La pregunta es, en el momento que alguno de ellos lo haga, ¿perderán la cabeza de nuevo? ¿Crearán otra bestia digna de suceder al Espace F1? El tiempo lo dirá.