Nico Rosberg, sobran manos pero falta cabeza
Llegan las vacaciones a la Fórmula 1, y este es un momento excelente para valorar y analizar lo sucedido hasta este momento. Algo que seguramente hará Nico Rosberg, que después de liderar el campeonato durante toda la primera mitad, ha perdido esta posición de privilegio en favor de su compañero de equipo en estas dos últimas carreras.
Es bien sabido que el piloto alemán no es manco en lo suyo. Debutó en 2006 con Williams, después de proclamarse campeón de la GP2 el año anterior. En 4 años que pasó con el equipo de Grove, que por aquel entonces no era de los equipos punteros, Rosberg logró dos podios y otras dos vueltas rápidas, demostrando su talento y sobre todo, su regularidad.
Después dio el salto a Mercedes, equipo en el que lleva desde 2010, y donde ha tenido que compartir equipo con un piloto de la talla de Michael Schumacher. Rosberg fue capaz de superarlo en todas las temporadas que corrió con él, pero el hijo del ex-piloto, Keke Rosberg, tenía una cuenta pendiente, la victoria, la cual llegó en China, 111 Grandes Premios después de que debutase en Fórmula 1.
Tras la retirada definitiva del «Káiser», llegaba a Mercedes la que podemos calificar como «su peor pesadilla», Lewis Hamilton. El inglés llegó en el momento de auge de Mercedes, un año antes de que la escudería alemana rompiera la hegemonía del hasta entonces todopoderoso Red Bull. Fue entonces cuando las cosas se complicaron para Rosberg.
Si bien el alemán goza de un talento y regularidad innegables, su punto débil es más bien psicológico. El de Wiesbaden no lleva bien la presión, los nervios le traicionan e incurre en errores graves, que en ocasiones cuestan una carrera (véase Austria 2016). Esto es algo que Lewis Hamilton sabe, y se aprovecha de ello.
Personalmente, Abu Dhabi 2014 supuso un punto de inflexión para Rosberg. El alemán lo tenía todo de cara para ser campeón, pero el hasta entonces indestructible Mercedes falló, y la avería le costó el mundial, que significó la segunda corona mundial de Hamilton. Para Nico no fue fácil levantar cabeza, y los resultados en 2015 fueron muy pobres, de hecho fue vapuleado por su compañero de equipo, que se coronó tricampeón.
A día de hoy, Rosberg cuenta con todo lo necesario para ser campeón, un monoplaza excepcional y unas manos excelentes para conducirlo, pero le falta algo aún más importante si cabe, el control de la presión. Hamilton es un experto en la guerra psicológica y sabe como desestabilizar a su compañero. Habitualmente lo hace en público, ante la prensa, dejando ver la carencia de su vecino de garaje. Sin ir más lejos, después del Gran Premio de Hungría de esta temporada, el inglés lanzó varios recados en lo referente a la polémica con las banderas amarillas en rueda de prensa a un Rosberg que no podía esconder su cara de enfado ante los ataques de su compañero, que mientras tanto bromeaba con Ricciardo.
Frases como «Rosberg se queja por todo» o «Que gane Rosberg no me preocupa» son algunas perlas que el piloto inglés le ha dedicado a su compañero y que hacen que las ganas de Rosberg por vencerle crezcan, llegando incluso a afectar a su rendimiento. ¿Y por que digo que afectan a su rendimiento? Solo hay que ver la desesperación de Nico cuando no puede con su compañero, ya sea atacando o defendiendo, y como ejemplo podemos poner Spa 2014 o Austria 2016 o el más claro de todos, que se dio fuera de los monoplazas, en la antesala del podio de Austin, cuando un ofuscado Rosberg lanzó la gorra a su compañero de muy malas maneras, después de que este se proclamase campeón del mundo.
Fallos de conducción, errores en las salidas, puede que todo esto tenga un solo causante, la presión y la ansiedad que Nico Rosberg tiene por ganar a Lewis Hamilton en la batalla por el título mundial y que el alemán es incapaz de ocultar ante su principal rival.

