La tecnología mola, pero queremos espectáculo
Muchos hemos crecido con una Fórmula 1 plagada de complejos aparatos, de numerosos sensores y de diferentes piezas que se utilizan para estudiar al milímetro el monoplaza. Muchos, como un servidor, comenzaron a ver la Fórmula 1 a principios de este siglo, con unos coches muy rápidos, con un sonido muy agudo procedente del V10 que hacían a los Fórmula 1 unas bestias que solo podían ser domadas por pocas personas en el mundo.
Sin embargo, esa categoría reina del año 2000 era ya una competición tecnológica en la que el ingeniero más listo y más pillo, podía hacer a su equipo ganar. Comparada con la década de los 80 y 90, en la que los pilotos tenían un papel fundamental en las carreras, aquella Fórmula 1 que yo empecé a ver, era ya demasiado tecnológica para nuestros mayores, pero seguía habiendo un gran espectáculo y buenas batallas en pista.
Pasaban los años, y poco a poco las limitaciones técnicas se imponían por parte de la FIA. Primero, la aerodinámica, después los motores y para finalizar, empezaron a eliminar toda libertad a los ingenieros para que pudieran sacar a la luz su ingenio. Y todos esos años, nos han llevado a esta Fórmula 1, la de 2016. Una categoría reina terriblemente más tecnológica que la que teníamos a principios de siglo, convirtiéndose en una competición terriblemente predecible, muy perfecta y con unos pilotos que son simples marionetas programadas para seguir las ordenes de los equipos.
Los pilotos, que hace unos años eran unos valientes que se ponían al volante de unas bestias que superaban los 300 km/h, podían tener más poder de decisión en una carrera y sobre todo, ser más determinantes. Sin embargo, en 2016 hemos pasado una temporada de Fórmula 1 en la que vemos como los ingenieros manejan a los pilotos desde los boxes, sentados delante de un ordenador y estudiando todos los datos milimétricamente para ordenar a su piloto que ahorre combustible, neumáticos o baje la velocidad. ¿Bajar la velocidad en Fórmula 1? A dónde hemos llegado.
Vale, la tecnología mola. Mola y mucho, para algo estoy estudiando una Ingeniería Informática. Pero oye, yo veo la Fórmula 1 por el espectáculo no para ver como un ingeniero maneja un monoplaza desde un ordenador a partir de parámetros. Para eso, sinceramente, ya tengo mis apuntes. Quiero ver una competición que no sea predecible, en la que los monoplazas sean veloces y brutales, con un sonido que te deje sordo cada vez que lo ves en vivo. Quiero ver a un piloto como una persona valiente, que se sube cada fin de semana en una bestia y que con sus manos pueda mejorar los resultados. Quiero competición pura y dura.
Es mi opinión, creo que la esencia de la Fórmula 1 se ha perdido con este reglamento híbrido de los V6 Turbo. No es normal que vayas a un Gran Premio y no necesites ni tapones para ver a los monoplazas pasar por delante tuya. ¿Cuándo se ha visto eso? ¿Dónde quedaron el ponerse los tapones y que no sirvieran para nada al paso de los monoplazas que tenían un sonido ensordecedor? En mi humilde opinión, los actuales Fórmula 1 son sosos, pero claro, tecnológicamente son una pasada. Pero vuelvo a hacer hincapié en el titular: «La tecnología mola, pero nosotros queremos espectáculo».



