El centenario de Le Mans alcanza su ecuador convertido en una auténtica edición de supervivencia
El centenario de las 24 horas de Le Mans alcanza el ecuador de la prueba y lo hace como una de las ediciones más disputadas e impredecibles de su historia: la carrera más icónica del automovilismo internacional se convierte en el mayor desafío de resistencia y supervivencia en su edición número cien, donde predominan los incidentes y los giros de guión. A falta de doce horas para la conclusión, el Ferrari #51 lidera en la escabechina de la noche en La Sarthe.
A las 22h se daba inicio a la segunda cuarta parte de la carrera y lo hacía con el factor, nuevamente repentino, de la lluvia sobre el mítico circuito francés. En una edición en la que la meteorología adversa ya había puesto todo patas arriba al inicio de la misma, las precipitaciones volvían a cambiar el papel con un breve pero intenso chaparrón. Los incidentes no tardaban en llegar y veíamos numerosas salidas de pista entre, principalmente, participantes de LMP2 Y GTE-AM.
Prácticamente se vivían situaciones inverosímiles a bordo de los prototipos de segunda generación y los GT, quedando muchos de ellos varados en la grava o incluso impactando los unos contra los otros en las escapatorias, como era el caso excepcional de dos LMP2. Así, no obstante y con una rápida mejora de la pista, se sumaba el primer centenar de vueltas al término de las siete horas y tres cuartos iniciales.
Cuando la pista volvía a un estado casi de seco por completo, se encadenaban tres minutos de absoluto caos en los que se descartaba a dos de los principales favoritos a la victoria. El reloj marcaba las 23:57h en el momento en el que el Ferrari #51, pilotado por Alessandro Pier Guidi y líder hasta entonces, trompeaba para evitar un accidente y quedaba atrapado en la puzolana, perdiendo más de una vuelta mientras era devuelto al asfalto.
Un duro palo para la escudería italiana, aunque, con el paso de las horas, lograba reengancharse a la lucha por la primera posición. Menos suerte corría, sin embargo, el Toyota número #7 con Kamui Kobayashi a los mandos. El piloto japonés reducía la marcha ante una doble bandera amarrilla y era bruscamente embestido por un GT y un LMP2, que provocaban daños irreparables en el hypercar nipón. Se veía obligado a regresar en grúa y a abandonar la carrera en la octava hora.
Así las cosas, en una carrera de total descarte y contratiempos desde que cerrásemos el resumen del primer cuarto, el Peugeot #94 se erigía como la grata e inesperada sorpresa del fin de semana. Sin meterse en líos y con una estrategia perfectamente ejecutada, se encontraba ante una situación de carrera imposible de imaginar teniendo en cuenta su pobre rendimiento: se situaba al frente de la clasificación con cuatro minutos de ventaja sobre sus perseguidores.
Una posición de privilegio que el hypercar francés terminaba perdiendo por falta de ritmo frente al único Toyota que quedaba en competición y el Ferrari #51 a la remontada, llegando a perder los puestos de podio tras un accidente de Gustavo Menezes a las tres de la madrugada. Las cosas tampoco salían bien en el garage del Ferrari #50, que cuenta en sus filas con Miguel Molina, pues perdía varias vueltas por una fuga dimanada del impacto de una piedra en el radiador.
De esta forma se acababa de disuadir la lucha por la victoria que tan reñida había estado al comienzo de la prueba y todo se iba a disputar, por el momento, entre el Ferrari #51 y el Toyota #8, líderes provisionales al finalizar la primera mitad de la carrera. Fuera de la batalla por el triunfo, bien por incidentes, reparaciones o abandonos, se encontraban la mayoría de contendientes de la categoría reina. Tan sólo se mantenía con opciones, en la misma vuelta aunque lejano, el Cadillac #2.
En cuanto a la carrera de los españoles, Miguel Molina concluía las primeras doce horas en una discreta décima posición, a nada más y nada menos que diez vueltas del liderato, después de los problemas mecánicos sufridos y que le privan de su lucha por el triunfo en la categoría hypercar. Albert Costa tampoco tenía la mejor de las fortunas, sufriendo problemas su Inter Europol tras liderar durante prácticamente toda la jornada en LMP2. Alex Riberas era noveno en GTE-AM.


