Dos caminos cruzados por la fatalidad
Estas palabras las escribo tras un insomnio absoluto. No puedo descansar. No sabiendo la fatalidad que ha sucedido hace 24 horas atrás. Ni siquiera sé qué escribir pero me veo en la necesidad de hacerlo. Esto no es un homenaje, no son unas palabras bonitas, no es lo que todo el mundo quiere escuchar… simplemente es lo que siento con esta situación. Me vais a permitir ‘usaros’ (ante todo con un enorme respeto por todos ustedes) para liberarme.
La noche está cerrada. En la soledad y el absoluto silencio de la noche escribo estas palabras. Es la primera vez que lo hago pero un compañero de algunas salas de prensa me lo recomendó una vez. Siento rabia. No puedo describir cuál es la situación que vivo en este momento. No lo conocía directamente, pero se dice que la Formula Uno es una gran familia. Estoy afectado.
El campeón sin corona
Jules Bianchi será conocido por los que queramos seguir recordándolo como el ‘campeón sin corona’ que era. Otros lo conocerán (o ni siquiera eso) por ‘el piloto que se mató’. La Formula Uno peca de vacile cuando dice que es segura. Un deporte en el que conduces a 300Km/h no es seguro. Nunca podrá serlo.
Bianchi se ganó el respeto de todos con grandes actuaciones antes y durante su carrera en Formula Uno. La más conocida por todos, la hazaña del GP de Mónaco al conseguir los únicos puntos del equipo Marussia. Esa espectacular carrera dio la supervivencia de un modo u otro al equipo angloruso.
Dos caminos cruzados por la fatalidad
¿»El último piloto que murió en Formula Uno es Ayrton Senna»? Lo siento pero no compartiré nunca jamás esa frase. No lo hago desde el 11 de Octubre de hace año y medio cuando María de Villota se despidió de nosotros (a tan sólo 20 kilómetros de mi residencia), y no lo haré desde que anoche leí el comunicado que informaba que Jules se había marchado para siempre.
Los casos de María de Villota (3 de Julio de 2012 – Duxford) y Jules Bianchi (5 de Octubre de 2014 – Suzuka), estaban más unidos de lo que pensamos. Dos accidentes separados por el paso del tiempo, separados por más de 9500Km… unidos por un mismo equipo, un obstáculo en el sitio inadecuado, golpes frontales contra el obstáculo en cuestión, mismas palabras de los que debían asumir responsabilidades… consecuencias fatales. «El error fue del piloto».
Cuando vi las imágenes del accidente de Jules recordé aquella tarde de Julio cuando estaba esperando cualquier noticia sobre la piloto española. La impaciencia se apoderaba de mi, yo era un joven inexperto en estas situaciones. Era la primera vez (y ojalá no hubiese existido ni esa primera) que vivía algo así. Aquella tarde-noche de Octubre, mis pensamientos se trasladaban dos años atrás. Las lágrimas se apoderaban de mi, una vez más, tras recordar a María. No puedo evitar emocionarme cada vez que la recuerdo (lo mismo me sucederá con Jules). Sentía temer que el resultado fuese idéntico al de María, y me duele aceptar que llevaba razón. ¿Por qué no me equivoqué?
El final de unas reflexiones que pasarán al olvido
Pido disculpas si alguien se ha sentido insultado o dolido con las palabras que haya podido escribir. Eran esas palabras de rabia (que censurando gran parte de mis pensamientos) tenía que decir. Como hace poco escribió un compañero y amigo, «no soy más que un humilde seguidor». No me intento lucrar con unas palabras sobre una fatalidad, simplemente expresar ‘lo que llevo dentro’. Espero no ganar nada con estas reflexiones, y deseo que pasen al olvido… pero jamás la memoria de Jules Bianchi y María de Villota.
Coincido en que la Formula Uno es una gran familia. En todas hay una parte buena que te apoya, que te quiere, que te acompaña… también están los que simplemente se aprovechan de ti, los que te quieren pero por el interés, los que si algo hacen mal no asumen responsabilidades. En Formula Uno sólo importa el dinero, las apariencias, ser mejor que nadie… se aprovechan de cada pequeño jugo de cada piloto para ganar dinero. Muchos de los medios también juegan a este juego. Escribir lo que la gente quiere leer, hacer hincapié en lo malo y los malos, y dejar de lado parte de las espectacularidades que entraña este mundo. Lo siento pero yo no quiero eso. Aquel día de Octubre todo se podría haber evitado. Todo. Pero no se hizo.