Fernando Alonso, once años desde su primera corona mundial
Esta imagen, la de portada, trae muchos recuerdos a todos los aficionados españoles al automovilismo, y es que hoy, 25 de Septiembre de 2016, hace exactamente once años que un hombre llamado Fernando Alonso se quitaba relajadamente dentro de su monoplaza su casco, para terminar estallando con un frenético «¡Toma, toma, toma!» encima de su Renault R25.
Ese día fue la culminación a una temporada excelente, donde su regularidad fue clave, únicamente dejó de visitar el podio en el bochornoso Gran Premio de Estados Unidos y en Mónaco, Canadá y Hungría. Un total de 5 poles, 7 victorias y 8 podios le daban a Fernando Alonso el título de campeón del mundo ante Kimi Räikkönen, su rival en aquella temporada.
Por aquellos tiempos, la Fórmula 1 estaba todavía presentándose ante el aficionado español, quien prácticamente desconocía lo que era este deporte. Años atrás, en 2003 exactamente, el propio Alonso ya había propiciado un acercamiento entre ambos con su primera victoria en el «Gran Circo» en el circuito de Hungaroring, pero no fue hasta 2005 cuando, con ayuda de Renault, terminó por traer a España un deporte «extraño» para el aficionado español.
El piloto asturiano había conseguido mantener a una media de 4.200.000 espectadores pegados a sus pantallas durante toda la temporada, mientras que el Gran Premio de España recibió a un total de 300.000 aficionados que vibraron con el podio de Alonso en aquella temporada. La Fórmula 1 había llegado a España, y estábamos de enhorabuena. Nuestro piloto local – el único aquella temporada salvo en Bahrein, donde también participó De la Rosa -, visitaba el podio asiduamente, incluso ganaba carreras, y por si fuera poco, luchaba por el mundial contra uno de los pilotos de McLaren-Mercedes, Kimi Räikkönen.
Pero no fue hasta Brasil, en el ya histórico trazado de Interlagos, donde Alonso firmaba otro de los grandes éxitos que a España le faltaba. Restaban tres Grandes Premios para el final de la temporada, pero a Alonso le bastaba con meterle cinco puntos más a Räikkönen para ser campeón. Aquella tarde, una media de 8 millones de españoles estábamos frente al televisor para ver como por primera vez en la historia, un piloto de la «tierra» se alzaba con el trofeo de campeón del mundo de Fórmula 1. Fernando no decepcionó, y aunque el sábado había logrado la pole, en la carrera finalizó tercero, mientras que Ráikkönen lo hizo en el segundo puesto, llevándose así el asturiano el ansiado título.
El resto de la historia ya la conocen, se convirtió en el campeón del mundo más joven de la historia -título que ahora ostenta Sebastian Vettel-, se bañó en champán en el podio de Interlagos y liberó la tensión con su ya famoso «¡Toma, toma, toma!». Ese fue el primero, el más especial, como se suele decir, el principio de la historia de todo un campeón del mundo.

