Romain Grosjean sigue teniendo muy presente su grave accidente de Bahréin
Romain Grosjean sufrió en el pasado Gran Premio de Bahréin 2020 de Fórmula 1 un grave accidente que hizo que su vida cambiara por completo. Todos conocemos cómo el monoplaza del francés se convirtió en una bola de fuego en la salida de la tercera curva del trazado de Sakhir, algo que hizo pensar lo peor a todo el mundo que en ese momento seguía la Fórmula 1. Sin embargo, milagrosamente el francés pudo salir de esa bola de fuego que era su monoplaza tras casi medio minuto entre llamas.
Con graves quemaduras en las manos, como mayor secuela de aquel accidente, Romain Grosjean sigue recuperando esas manos para intentar volver a tener la movilidad completa en ellas. Admite que ha necesitado ayuda psicológica para intentar superar tal shock, sin embargo, admite que todavía tiene recuerdos muy presentes aunque puede hablar abiertamente de un accidente que le ha cambiado la vida.
«Volví a ver el accidente con mis hijos, tenían algunas preguntas. Lo he visto con ellos y con mi mujer y hemos hablado abiertamente de ello. He trabajado con un psicólogo tras ello, para asegurarme de no tener ningún recuerdo malo ni pesadilla de ello. Tuve algunos recuerdos que necesitaba entender y por ello, fui al psicólogo», comenta Romain Grosjean para el podcast oficial de la Fórmula 1.
«Uno de esos recuerdos fue a las seis de la mañana y mi hijo me despertó, el otro fue cuando me operaron en Ginebra. Me durmieron y eso no te hace sentirte bien. Esos fueron los dos recuerdos y desde entonces, no he vuelto a terminar una pesadilla, puedo ver el accidente y hablar de ello sin problemas», añade.
«Sé que mi mano no está bien, no puedo ir a tomar el sol y tengo que tener cuidado con las temperaturas bajas y también con las altas. Lo bueno es que todo va por buen camino, puedo jugar con mis hijos, eso es lo que importa. Cada día que vivo desde ese momento es un bonus, estuve muy cerca de irme y en esos momentos te das cuenta de lo bonita que es la vida. Todas las mañanas en las que me levanto, me tengo que quitar los guantes de silicona y ponerme crema en las manos. Recuerdo que estoy vivo, que estoy aquí, que puedo jugar con mis hijos, qué puedo volver a correr y que tengo a mi mujer a mi lado. Soy feliz, me he dado cuenta lo bonita que es la vida hasta con problemas. Sería un poco aburrida si no tuviésemos ningún contratiempo», finaliza.



